sábado, 5 de febrero de 2011

LVIII Curso. Marzo 2011. Antonio Daganzo / Con nosotros, Diego Jesús Jiménez y sus poemas.



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Diego Jesús Jiménez en primer término durante su primera lectura en la Tertulia:

"Poemas publicados e inéditos". 11 de febrero de 1964 (Curso LII, sesión 439ª).

Al fondo, el poeta y crítico Luis Jiménez Martos.

Foto Basabe

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La Directora de la Fundación de Colegios Mayores MAEC-AECID



y la Directora de la T. L. H. Rafael Montesinos

se complacen en invitarle a las
sesiones 1655ª y 1656ª



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Sesión 1655ª

Martes, 1 de marzo de 2011 - 19´30 horas
Colegio Mayor "Nuestra Señora de Guadalupe"
Avenida de Séneca, 4 Madrid




Antonio Daganzo leerá poemas publicados e inéditos
presentado por Sergio Macías


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El más grave error de quien olvida
es creer que el olvidado hará lo mismo.
Imagino, pues, tu rostro,
su expresión de sorpresa
o más bien desconcierto,
o mejor ira sorda,
al saberte vencida en la batalla,
que al muerto que mataste
aún le resta podredumbre de amor
para vivir.
La nota has recibido,
qué tal, qué haces, cómo sigues,
esencia de victoria y destrozado,
soy feliz.


(Del libro Que en limpidez se encuentre, 2007)


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El niño era la casa,
la cama incluso a veces,
cuando veces de sol llenaban los cristales.
Si el espacio nocturno,
el reverbero imaginado de la luna,
ya se había extinguido en su conciencia,
el niño probaba a levantarse
y acudía a la ventana de la alcoba
para medir lo extraño,
el tráfago ajeno bajo la luz de los vivos.
El niño aún no sabía
del movimiento y su falacia,
de la vida más viva en tanto quieta;
del verdadero deslumbramiento de lo humano:
su sino de rescoldo.


(Del libro Mientras viva el doliente, 2010)


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PANTOMIMA


Que todo se moviera dibujando el silencio,
celebrándolo
al convencerse heridas las palabras,
cuando el ancho equipaje
y el suicida en las hoces.

Mejor la sutil fiebre del teatro:
boca donde callar incluso un cielo
por no perder el alma.

Si todo fuese el arte
de arrancarle a los cuerpos soleados
su secreto de ley y aguamarina,
la torpeza cabría en el olvido.

Y nunca ya mentir,
pues en la pantomima del instante
los versos representan a sus ansias.

(Publicado en el nº 27 de la revista Álora, la bien cercada)




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Sesión 1656



Martes, 8 de marzo de 2011 - 19´30 horas

Colegio Mayor "Nuestra Señora de Guadalupe"
Avenida de Séneca, 4 Madrid



Con nosotros, Diego Jesús Jiménez y sus poemas

con la intervención de Antonio Hernández y Manuel Rico



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NOCHE DE NAVIDAD


Te veo vivo
y sin consuelo,
padre. Aun a pesar de todo. Viendo
la vieja calma
del tilo, la fresca sombra
del ciprés, la senda
de la hormiga.
Tú, padre, cómplice
del mal,
no salgas; no saques ya
la oreja y la nariz, que luego
corres por estos campos
del trigo, se te hace el paso loco, y tu mala
memoria, pisa la siembra
y cantas.
¡Que aún pertenece
a todas estas cosas
tu dolor!
¡Padre, padre! ¿Otra vez?
Vuelve a esconderte. Vaya, vaya... No hay que sacarlo
de su agujero, porque no ve
y se ciega
con las cosas; y alborota, y le hace mucho ruido
la bebida, y el coñac
le hace ir hasta el pueblo,
y lo denuncian, y no quiere, en esta Navidad,
salirse de las casas. Y entra, remueve los baúles,
las alacenas, saca viejos papeles,
canela, perejil, y huele, huele...
cada garrafa, cada orza
sin vida.
Y es invierno,
y él se mete en el río, y su catarro
tiembla
junto a los juncos
y la buena hierba. Padre, pero por qué ahora
bailas, ¡qué bien te veo!,
con qué pareja,
en este amanecer, va tu resaca; que filtro vas a darle
sin precaución, qué beso en sus encías
o en su enagua
sin sangre, o dentro
del sostén.
¡Padre! ¡Padre!,
a qué este escándalo; ¿no ves...?, ¿no ves?
Si ya te lo decía, y no haces caso
nunca.
Ven, ven, si tú estás muerto
ya. Hala, hala...,
no beses más aquí, ¡no le tires del pelo! Padre...
Si hace seis años de tu muerte.
.




Pero cómo decírtelo si saltas, si no oyes, si va tu boca
casi al alba, y llegas a la alcoba, entras al dormitorio,
nos despiertas, te vas...
¡Qué amor habrá encontrado, si su aire
es de cansancio, y su camino es de tijeras y algodones
y gasas!

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Aquí, si cada nochevieja
vengo, si en el bolsillo, junto a la voz de tu cadera
pongo
serpentinas, si traigo varias copas de más, y una botella
para ti. ¡Con qué cuidado
se la bebe! Y bromas, trucos, monjas sin cuerpo, ángeles, disfraces
de papel, hadas borrachas
y alegría al andar; si traigo
mi ronquera y mi vino, la cal
de la pared de casa aún en el hombro; y echo de la garrafa
como ladrón devoto
mi caridad.
Si así te sirvo. ¡Pero
qué juerga,
piensas! ¡Padre!
Y nada,
nada, no se da cuenta de que está muerto
y crece.




Diego Jesús Jiménez

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